Empezó a los dieciséis, con una laptop del gobierno que convertí en un servidor web Linux para que mis proyectos tuvieran dónde vivir. Ese mismo año terminé el CS50 de Harvard en dos semanas. Sigo aprendiendo igual: construir la cosa, ponerla en línea y ver qué se rompe.
Desde entonces he trabajado en software del que dependen operaciones reales. En Rivero construí un escáner 3D de paletas que mide una carga con una cámara de profundidad en menos de un segundo, la plataforma de almacén detrás de la recepción y los conteos cíclicos, y Orchy, un agente que ejecuta tareas de backend desde Slack, pero solo con permiso. Para IQ BIAI construí una API de pagos que pone Cybersource, CardNET y Azul detrás de un solo contrato. Mi regla: backend primero, IA donde se gane su lugar.
Axiomic es mi propia empresa. Ahí construyo DeUna, un vendedor con IA que vive en WhatsApp y cierra ventas para pymes de Latinoamérica. Fuera del trabajo: música, anime y cursos que no necesitaba pero tomé igual.



